Los padres de Don Carlos habían fallecido unos años antes, él era el único hijo en la pequeñísima familia. La madre de Carlos, había tenido dos pérdidas antes que llegara Carlos y ya tenía una edad muy avanzada cuando quedó embarazada por última vez. Después de dos embarazos malogrados, pensaron que se quedarían sin hijos, sin embargo, a los casi 43 años, pudieron tener a Carlitos.
Carlitos fue un niño bueno, no daba problemas a sus padres, su madre podía descansar por las noches porque el niño dormía durante toda la noche, pero a pesar de ser un niño bueno, no era posible traerle un hermanito por el riesgo palpable para la madre y para el hijo, razón suficiente para que los señores decidieran quedarse únicamente con este niño que era considerado como un milagro porque ya no esperaban poder traer al mundo un hijo.
Su padre había sido un ser emprendedor a pesar de las carencias en las que habían tenido que vivir. Dedicado a buscar el bienestar de sus más allegados, su esposa y su único hijo a pesar de las dificultades. Cuando Don Carlos era un niño, sus padres decidieron salir de una pequeña isla donde habían vivido felices pero carentes para intentar abrirse camino y para tratar de darle a Carlitos una mejor educación y abrirle una puerta para que, al crecer, tuviera más oportunidades de salir adelante.
Su padre, vendió una parcela de Tierra que había recibido como herencia al fallecer sus padres. El dinero obtenido por la venta de aquel pedazo de tierra, era justo el que necesitaba para emprender camino y comprar un pequeño terreno que destinaría a la siembra de uvas para su posterior procesamiento y lograr así, producir algunas botellas de vino casero que, poco a poco, sería conocido en la comunidad y demandado por los vecinos por su gran calidad.
Su madre, dedicada al cien por cien al cuidado de la casa y al trabajo en las plantaciones de uvas, terminaba los días agotada del excesivo trabajo. No tenía amistades, no salía a pasear, era una madre dedicada en cuerpo y alma a la atención de su esposo y de su pequeño hijo, los días eran largos, y la producción no era grande. Carecían de muchas cosas materiales pero eran muy felices.
En el centro del solar, había una casita humilde en la que la familia se cobijaba de los fríos días de invierno y se protegía de los largos días de verano y de su fuerte sol. Carlos disfrutaba de su casa, tenía suficiente espacio para correr y para jugar con su perro Bruno, no había vecinos cerca y por lo que no tenía amigos con los que divertirse.
Cuando tenía escasos 8 años, ayudaba a sus padres en la recolección de las uvas, cargaba pequeñas cantidades de ellas para llevarlas hasta el tanque donde las procesaban y cuando las llevaba, comía uvas incansablemente, al parecer era quien más trabajaba, porque la mitad de las que llevaba no llegaban al destino.
Carlitos se dio cuenta que el trabajo era necesario para salir adelante, para obtener el alimento de cada día. Su padre se encargó de enseñarle lo importante que era ser feliz y disfrutar de lo poco que la vida les ofrecía, de cuidar el trabajo y de hacer las cosas siempre de la mejor manera y poniendo el mayor de los esfuerzos. Su padre había sido un hombre emprendedor y decidido, por eso se vio en capacidad de enseñarle a Carlitos desde muy chiquito, que la vida le abrirá muchas puertas, pero que de las tantas que se abren muchas se le cerrarán y él debería aprender a discernir cuáles le llevarían por un camino de logros y triunfos.
No era difícil para Carlitos asumir y cumplir responsabilidades porque él veía a sus padres que lo hacían, su mejor ejemplo era el empeño y esfuerzo que ellos le ponían a su trabajo y en la búsqueda de la felicidad.
La primera navidad que Carlitos recuerda, tuvo pocos regalos, un balón de fútbol, unos zapatos nuevos y un peine, su propio peine, era lo mejor que le podía pasar, era la mejor navidad de todas las que un niño podía desear. Al despertarse por la mañana y ver los regalos tan hermosos, juró que nunca perdería sus regalos y siempre lucharía por darle a sus hijos, regalos tan hermosos como los que había tenido él mismo esa navidad.
Poco a poco el negocio creció aunque tuvieron que pasar algunos años para verlo. Cuando Carlitos era casi un adolescente, decidió que su futuro lo dedicaría a los negocios y cuando fue al colegio, estudiaba mucho y se preparaba para tomar las riendas de los negocios de su padre una vez que él no se encontrara con capacidad de llevarlos.
En la Universidad, Carlos, estudió Administración Empresarial y era un gran estudiante con las mejores calificaciones. Para ese tiempo, ya llevaba el control de las bodegas de vino porque su padre ya era un hombre muy mayor y no estaba en condiciones de llevar los negocios personalmente.
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